Confesión de un perro atropellado

Confesión de un perro atropellado

Siempre tuve miedo a los perros.
Yo que no tuve alguno echado a mis pies.
Mas aprendí, luego de palabras de aviso,
luego de gestos nerviosos,
a tocarles la pelambre y rascar sus orejas,
a enternecerme con su mirada,
a apetecer su energía, asombrarme
con su persistencia en el amor,
o lo que fuera ese olisqueo de humedades,
ese agitar de su cola, ese treparse
una vez y otra en las grupas
más leales del universo.

Siempre guarde algún miedo
a los perros y lo llamé respeto.
Porque en la realidad
más terror y odio le tengo
a quienes los apalean,
los asustan a pedradas,
o les lanzan cubetadas de frialdad.
A esos que los atropellan
porque se temen a sí mismos,
turbados por parecer cobardes
ante un perro y no admitirlo.

Algunos perros que saben
que les guardo respeto y miedo,
se acercan parsimoniosos
a darme una vuelta revisora,
luego doblan sus patas, se echan
y haciéndose los distraídos
dejan que siga mi camino. No me ladran,
o lo hacen como si dijeran ¡vamos!
Mientras, alejándome,
les doy las gracias, muy adentro.

R L, 21 de diciembre de 2011
Fotos de flickr/analines

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s