Región distante y oscura

Región distante y oscura

Una molécula, un corpúsculo
o quizás un gen muy suyo
fue abordado por un extraño
objeto del deseo.

En esa región,
en esa minúscula comunidad,
se concentró la química y el misterioso
encadenamiento de la alquimia.

Afrontar el deseo
le coagularía la sangre
como memoria del momento.

Antes, en su cerebro
y en la tensión de su piel
-con dureza en la cúpula de sus senos-,
ella sintió cómo se erguía el ansia
en un rincón oscuro de su ADN.

Fue entonces, cuando
-en la veintemilésima
de su arcón genético-
oyó que en la sombra
latía otro corazón,
un eco de lo ausente y lo dolido,
un otro cerebelo preciso
con el control de sus reacciones.

No lo supo, lo intuyó
como el vórtice de la tormenta
en la punta de sus pechos,
en los suspiros librados del ahogo,
en el fluir lúbrico lloviéndole 
en la alianza de las piernas.

No era más la oscuridad un desierto,
otra noche sin luna ni estrellas,
una cámara vacía sin dramas
ni pianos ni cellos.
Había ahí un propósito definido:
llevarla y traerla del placer
a gozar el instante,
a acometer al fantasma
y a encajarlo en cada orificio
hasta adquirir la alegría de morirse
en el estruendoso relámpago del orgasmo.

Ricardo Landa, 19 de septiembre de 2012. Imágenes de genes en internet y pintura: Hilo Rojo.

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