Yelmos azules

Yelmos azules

Por Haití y todos nosotros

Celada del emperador Carlos V

En el rincón donde se tira

lo que sobró de la cena,

ahí voy yo.

 

Y si es azul el color de su ropa

y la lengua azulea en sus bocas,

es azul el proyectil con que matan,

ahí estoy yo.

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Paz fementida de antojos,

sangre diluida en la sopa

y un rencor que les hunde en un pozo,

ahí fui yo.

 

Ataúdes para volar de retorno

y fosas para los vivos tan comunes.

Paz inhumana en la tierra contra tu voluntad.

 

APTOPIX Haiti Disease Outbreak

Amén de los mercenarios

y azules los cascos vacíos de pillos

que violan cielo, mar y tierra

y a muchachas, presas de combates.

 

Vendan la paz del imperio.

Compren quienes buscan descuentos.

No, habré de ser yo.

 

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Ricardo Landa

Sala Nezahualcóyotl, 9 de noviembre de 2008: Vana compuso para los cuerpos de paz una marcha sincopada entre nostálgica y alegre. En el clarinete, Paquito D’ Rivera no perdonó la burla y me la tradujo.

yelmo azul

Imágenes: 1. Celada del emperador Carlos V; 2, 3 y 4. fotos de AP: represión, enfermos de cólera en haitianos y detenciones  ejecutadas y llevadas por los cascos azules de la ONU;  5. Casco Azul; 6.  Melecio Galván: boceto de su pintura: militares.

boceto Melecio galvan

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Las azules azoteas de Barcelona

Las azules azoteas de Barcelona

Lo esencial en estos tiempos de miseria moral,
es crear entusiasmo.
Pablo Picasso

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Azules tristezas
azules misterios
azules los sufrimientos
azul esa amistad que nos conmueve
la cofia azul de una mujer piadosa
el loco no por loco menos azul
que descalzo azulea su sombra
con sus pómulos huesudos
azul la anciana sentada
esperando que deje de lloverlela-vida-picasso
y más azul la mujer del mantón
delgada tristeza sueños de tan adelgazados
flacos sueños azules
de quienes tiritan en las calles
y rasgan su guitarra rota por un níquel
y azules la madre y la hija
desamparadas
ya era azul la copa
casi vacía (aunque la flor azul
anhela ser secante
del sentimiento)
qué queda si la luna
falta sobre las azoteas de Barcelona
abejas azules
buscan enloquecidas
una gota de entusiasmo
esa miel rojiza
o rosa
o africana
una paleta con el iris
que sin olvidar los azules infinitos
abra el estudio
a la esperanza
(esa modelo desnuda perenne
y de ojos grandes)
y entusiasme.

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Ricardo Landa, noviembre de 2010en una sala del Museo Picasso de Barcelona.

Pinturas de Pablo Picasso, periodo azul: 1, El guitarrista viejo ; 2, La vida; 3,  La bebedora de absenta;4, Ciego comiendo.

 

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Sin cuenta

Sin cuenta

caballo azul franz marc

Sin cuenta, los cincuenta otra vez,
ahora míos los números
como ceniza de aquel fuego.
 
Ayer imaginados como un larguísimo viaje,
hoy casi distraído los veo que pasan
sin inclinarme solemne ante sus bombos y platillos.
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Aquí en mi mente se reitera
cincuenta veces el azul
de un cielo fijo en la bóveda de mi memoria.
 
Ciclorama azul de mis actos,
fondo para colgarle luceros,
azul de besos al viento y de adviento.
 Falda de flores
Azul de faldas corridas hasta las caderas,
azules párpados con tangos de Gardel,
azul lloroso, azules sombras.
 
Azules pétalos húmedos de sereno,
halo azul de la luna y de cuerpos frotándose
como en el experimento orgásmico de Reich.
 
Azules cincuenta, sin cuenta
los azules días en que azulearse
es azoro azul porque aún azul se vive.

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Ricardo Landa, ¿septiembre  de 1990, noviembre de 1998? Con remate de diciembre de 2013, redescubriéndome.

Imágenes: Caballo azul Franz Marc; Fontana: cielo y campo 2; internet: Falda de flores;  Van Gogh: patio de cárcel.

Giros a una postal

Giros a una postal

Gira, gira  mondo,

dice la canción italiana

monet  y el sol 8306737660070485y mi viejo catecismo Ripalda

en mi subconsciente agrega:

Los enemigos del alma son:

el demonio, el mundo y la carne.

 

A un querido tocayo del alma

 
 
 
Algún clásico de la poesía china
(Tao-Yuan-Ming, 372-427 d. de C.)
prefirió separarse del mundo
y escribir desde su casa,
desde su casa con jardín.
 
 
El girasol que enviaste como un brote postalrenoir 40120445~Study-Torso-Sun-Light-Young-Woman-in-the-Sun-1875-1876-Posters
me hace imaginar a aquel poeta
magnífico y borracho
que araba el jardín y escribía flores.
 
Dicen que su mujer
-quien ha de haber sido fuerte y hermosa-
sembraba verduras en el patio trasero.
Él lucía para quienes le visitaban
las flores amarillas y azules y lilas
que ornaban el portal de su casa,
y mientras les convidaba vino
hasta derramarlo, en la mesa no se hablaba
-él no lo permitía- de los terrenales placeres,
de las ensaladas y las sopas
que su mujer dedicaba a los paladares
y a las lenguas de los convidados
arrebatadas de poesía.
 van gogh
Sólo se hablaba de las flores del jardín del poeta.
 
Aunque carezco de jardín (y tal vez de casa y de mujer):
¿Cómo defenderse ahora de ese destino excluyente?
¿Cómo no ser miope y ciego
con los manjares amorosos
que se cocinan a nuestras espaldas?
¿Cómo olvidarse de las flores carnales,
las del mundo que hacen girar las mujeres?
 
¡Ya está! Lo tengo:
 
El girasol que me diste
no lo presumiré como otra flor en el jardín del poeta.
Será una casa de pétalos solidarios,
donde las mujeres, las nuestras y las ajenas,
o mejor, las de nadie, todas libres,
canten a sus ensaladas y a los vestidos verdes
con los que atavían la desnudez del planeta.
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Sus voces son flores carnales
del jardín que llevamos en las venas,
son las madreselvas olorosas que nos guían
y nos protegen del infortunio y de la guerra.
 
Nuevas catástrofes nos amenazan:
Es el fin del mundo,
chillan algunos.
Otros lo ven pasar como un noticiero
mientras cambian de canal televisivo.
 
Ellas responden:
y, sin embargo, gira, gira el mundo.

Ricardo Landa, enero de 2004. Imágenes: Monet y el sol; Auguste Renoir: estudio de la luz sobre el torso de una joven al sol; Van Gogh: campo de girasoles; Van  Gogh: girasoles en un jarrón; Auguste Renoir: ¿la limpieza de las mujeres?

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