Rigor obstinado

 Rigor obstinado

ostinato rigore leonard 

El rigor obstinado

con el que quise parodiarme

¿para odiarme? Lo transcribo de una nota

no recuerdo de qué museo ni en qué día,

supongo que fue el mismo

en que ante la sobre abundancia de La Alhambra

vimos como postre para los golosos

el colorido de Matisse

en una de sus salas aledañas.

 

Mi memoria 373px-leonardo_da_vinci_027-186x300

apenas se fugó a un año

y en hilillos de luz

de esas amorosas odaliscas,

damascos,

sevillanas,

mantas,

marroquiños (?),

frutas, velas, aguamaniles,

lirios,

soles, granadas, palmas,

y en penitencia -ahora en las distancias

de todo lo mundanal y lo perverso-

me pelo de grasas las costillas

con el rigor

del frugal y severo consejo de don Leonardo:

Rigore ostinato.

convencido de su norma:

con el azul y más azul para la lejanía.

 

Ojalá guste / esa contra anatomía de mi barroco

joder/

y como los libros no avanzan

y yo casi peno en vida/a ver

si pongo mi estanquillo

en un bloguesito modesto

y serenado

que venda  en los atardeceres

y sin rigor alguno 3Leonardo-Da-Vinci-ladv_oldmen

mi alma al diablo,

en versitos sin moños,

con moho

y mañas

en módicos abonos,

mientras yo me espanto las moscas

con las hojas de mis libros invisibles.

 

Ricardo Landa, Granada, Estado español. Noviembre de 2012.

Imágenes: dibujos y pinturas de Leonardo Da Vinci_ 1, Ostinato rigore   ; 2, virgen,niño y ángeles adorando   ; 3, Damas y hombres viejos  ; y 4. Cabeza de virgen.

 



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En la mente nos había crecido un árbol

En la mente nos había crecido un árbol

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Que visitaba por la noche

Un pájaro negro.

Nos dábamos la espalda al acostarnos

Para que el pájaro

No descendiera sobre nuestros ojos.

En las mañanas calurosas

Él árbol era lo único sombrío en la comarca,

Tanto misterio cavó raíces en nuestra frente.

Por eso preferíamos la tarde:

El viento nos sacudía las ramas, los frutos caían

Y nuestras costumbres se deshojaban amarillas.

Una vez se cayeron los nidos y un perro se comió las crías

Otra lo trepó un gato que nos arañó la paciencia:

Comprendimos que trajimos aquel árbol a oscurecer la plaza.

Nadie quiere saber del árbol

Que imaginamos

Nadie quiere sentarse bajo su sombra.

Estamos solos, asustamos de tan solos.

Cuando un leñador aparezca

Le pediremos que, sin piedad,

nos corte la cabeza.

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Ricardo Landa 26 de febrero de 2009.

Imágenes: Jesús Augusto Martínez: Diablo; Foto internet: arbol oscuro; Jesús Martínez Álvarez: Lluvia.

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