Manda la palabra*

Manda la palabra*

Para el pincel de Ana Landa imperio de los signos 100-4-i

¿Ser A?**

Pasan las olas, pasan ofreciendo conchas de caracol a los cangrejos.

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¿No ser A?

Qué distante está el mar esta noche y tú despierta.

Ni A ni no A

La alta luna tiembla en la humedad de su vientre.

Lo que A desconoce no calla

Los ojos que brillan: aves fugándose de la cabellera del bosque, y el bosque grita.

¿Quién pudiera ser si no es A?

Las palabras escritas en japonés llueven sobre las montañas de la estampa.

A somos todos

El ritmo de las sombras de las hormigas, llevando granos de azúcar.

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A sin A

Cubre la nube a la luna y las aguas en el lago murmuran.

A la vez A y no A

Al principio del poema, un rostro sereno nos lee, cuando nos ha leído, sonríe.

 

 

Ricardo Landa, 8 de septiembre de 2015

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*Título traducido de una obra del saxofonista  nórdico Jan  Garbareck que toca acompañado  del brasileño Nana Vasconcelos con sus instrumentos de cuerda y percusión ancestrales.

** Juego con la evocación en los subtítulos del texto de Roland Barthes: “La exención del sentido”, dentro de su libro ilustrado sobre el Japón: El Imperio de los signos, al referirse a las proposiciones del Zen y al “paradigma  perfecto” de la lingüística estructural. Editorial Mondadori.

Imágenes: acuarela,  imperio de los signos; portada libro: Barthes, El imperio de los signos; estampa sobre The pillow book; Kanji: pajaritas y signos en papel; Y Hokusai: gansos en el Fuji.

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MAGDALENA DURERO

MAGDALENA DURERO

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Escucha, Jesús, blasfemias,

parientes de las de Sinead

(la santa irlandesa

a quién veo dibujar su sexo

con las yemas unidas de los índices y pulgares);

saltan de mí cual renacuajos,

rayos y centellas,

al deleitarme en el memorado

evangelio de Durero.

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En su nido,

los pechos de Magdalena,

polluelos hambrientos,

se levantan ansiosos

de una gota de tu sangre, Jesús.

 

La mirada de Magdalena,

el bálsamo de su boca,

el círculo perfecto de su cabeza,

la suave enredadera de sus manos

y la hidra de sus cabellos:

son brisa,

frescor que alivia tu agonía

y te endulza los delirios, Jesús.

 
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Postrada ante ti,

llena de dolor y avergonzada

por tu muerte de salvación,

Magdalena suspira,

abriga el secreto de tus ojos limpios,

se lo lleva al sueño que entreabre sus párpados,

alumbra con tu sombra

su noche.

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Y Magdalena se compadece de nosotros:

vamos en su mirada los sufrientes,

los caídos,

los que nos retorcemos atados

a tu lado, Jesús,

o a tus pies, joven mártir

de un intento más de las vanguardias.

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Su belleza nos ampara,

como te asila, Jesús el expulsado del reino,

nos unge

su humedad de mujer,

desprendida,

generosa,

portento que nos maravilla,

como a ti, hombre torturado

por la sexualidad judeo cristiana.

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De lo demás del grabado de Alberto Durero,

lo siento,  Jesús, me es borroso,

sólo el cuerpo numen de Magdalena

ha calado en mi memoria.

 

Ricardo Antonio Landa,  versión del 1 de abril de 2015 del poema de 1989.

Imágenes:  1 Grabado de Alberto Durero: Crucifixión; 2 Detalle de Grabado de Durero: posible María de Magdalena; 3 Pintura atribuida a Mazzucchelli: Magdalena llevada al cielo por los ángeles; 4 Detalle de pintura de Sandro Botticcelli:  El embalsamado de pies a Cristo por Magdalena; 5 Grabado de Durero: Llanto sobre Cristo muerto; 6 Grabado de A. Durero: Éxtasis de Sta. María Magdalena; y 7  Pintura de Alberto Durero:  Santísima Trinidad con Magdalena abajo a la izquierda de Jesús.

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Las mujeres de Degas después del baño

Las mujeres de Degas después del baño

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Después del baño
llevan el olor del  jabón a la cama
y pintan con él su silueta.
Queda en la sábana, en la almohada,
en la humedad de la toalla,
en la mano conocedora
que sopesa los senos.
 
Preferido de todos los lugares
donde el jabón de baño vuelca el sahumerio
es el recinto floral,
el sexo lamido y frotado,
boca, piano y tambor de comuniones.
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Tras el baño de amores,
llega el placer del chocolate
y, en el sopor,
sobre la sábana crece
el ámbar de la gota
que pende de la entrepierna .
 
Ahí trocan el soplo espumoso
al bálsamo de perfume ungido
en el que las envuelve un baño nuevo,
de tan amable sacramento.
 

Ricardo Landa, 11 de agosto de 2013. 

PINTURAS Y MONOTIPO : EDGAR DEGAS

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