A la orilla (3)

A LA ORILLA 3*

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Hasta que tuvo un hijo de mí

me acerqué a su casa una noche fría.

Habíamos estado los tres mirando

las luces de la navidad en el Zócalo.

 

Ella me señaló cual era su casa.

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No entré sino trece años después,

cuando nuestro hijo cumplía años

y comimos tostadas con su familia.

 

Esa noche vi cuál era su cuarto.

 

Conocí su habitación otro día,

cuando nos quedamos juntos

porque temprano habría que pintar

en los muros de una cárcel:

QUEREMOS LA LIBERTAD.

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Su cama era amplia y tibia.

Y su piel hizo la noche muy tersa.

 

La he vuelto a ver a lo lejos

en el mitin donde habló

de no rendirnos.

Todavía imagino cuán amplia

sería la vida con ella.

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Ricardo Landa, 2 de agosto de 2014. *De la serie A la orilla.

Imágenes: Lucía Mancilla,  Casa del árbol; José Hierro, dibujo su rostro; Mujeres Creando: Libertad; Manuel Álvarez Bravo, Tres árboles y una casa; Grafiti: Sin mujeres no hay revolución.

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Este vaho zigzagueante

Este vaho

Esta cápsula de humo
Esta neblina que desdibuja
y que él llamó El Trapo Negro
nos aleja del mundo
y existe porque nos estamos viendo

Zigzagueante

Emerge
         Pajarea
Se rehunde
          Vuelve con un coral en los labios imaginables
                              Vuela
El sol la enciende
                  Caen sus varas de bengala
                             Cava un cráter en mi pecho
Suspiro...

Ricardo Landa, 2001. Fotografía de  Manuel Álvarez Bravo: El Trapo Negro.

Errantes, dispersos

Errantes, dispersos,
los amantes del día
somos irrepetibles.
Reinventamos a tumbos
la sombra y el cuerpo del amor.

En el beso dado y en su deseo
abre labios la psique,
y desenrolla el corazón
esa lengua bífida
que siente, que piensa.

Alimentamos libertades
con pequeñas certezas,
alpistes para alzar el canto.
Hasta que hundidos en un sueño,
los de hirvientes mejillas
nos desvanecemos en el aire.
La vida se nos va por un agujero negro.

Y cuando parece que todo termina,
que el amor fue consumido al extremo
y se han desecado nuestros abrazos más tercos,
en algún rincón del mundo llueven  lenguas frescas,
y nuevos amantes se hidratan sorbiendo estrellas.

Las hojas del árbol del cada día 
-como los amantes- buscan fecundar
sueños incansables bosquejados en el agua,
tenaces caracoles del deleite.

 

Ricardo Landa, julio de 2007. Imágenes La calabaza y el caracol, Manuel Álvarez Bravo y Caracol, Francisco Toledo.