El quinto elemento

El quinto elemento

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(Columpio en un verso a verso

rudo o emotivo como un lobo

aunque a veces

una triste balada monocorde

colgada de los cuernos de un venado)

 

Poco a poco comprendió

qué tan tenue era su red,

apoyada en el cielo de un lado

y en el otro, en un espejo de agua.

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Ella creía ser un puente tembloroso

que en las madrugadas siente el paso

del viento solitario y beodo

que la cruza al regreso de la cama

de la insaciable hoguera.

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Y percibía al florearle el alba

el vaho ácido y salino del amante a tumbos

que se acodaba

sobre su barandal

soplando nubes del alcohol sobrante

derramadas en su sexo.

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Ella hubo de ser también

el destino y la morada

de un quinto elemento

con ojos y cuerpo de venado

de cuyas astas columpiaba

su tenue red de afectos.

 

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Como todo buen mortal

el venado se ha disuelto.

Es apenas un casi olvido donde

con nostalgia desprevenida

se recuesta la luna cuando mengua

para soñarse amparada

acunada y sostenida

en su vieja cornamenta

para volver a alzarse de su noche depresiva

creciente autónoma y serena

como la gallarda rosa

de estos que serán al fin

sus mejores tiempos.

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Ricardo Landa, 14 de agosto de 2011.

Imágenes: fotogramas y animacion del Filme : El quinto elemento de Lucc Besson.

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MAGDALENA DURERO

MAGDALENA DURERO

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Escucha, Jesús, blasfemias,

parientes de las de Sinead

(la santa irlandesa

a quién veo dibujar su sexo

con las yemas unidas de los índices y pulgares);

saltan de mí cual renacuajos,

rayos y centellas,

al deleitarme en el memorado

evangelio de Durero.

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En su nido,

los pechos de Magdalena,

polluelos hambrientos,

se levantan ansiosos

de una gota de tu sangre, Jesús.

 

La mirada de Magdalena,

el bálsamo de su boca,

el círculo perfecto de su cabeza,

la suave enredadera de sus manos

y la hidra de sus cabellos:

son brisa,

frescor que alivia tu agonía

y te endulza los delirios, Jesús.

 
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Postrada ante ti,

llena de dolor y avergonzada

por tu muerte de salvación,

Magdalena suspira,

abriga el secreto de tus ojos limpios,

se lo lleva al sueño que entreabre sus párpados,

alumbra con tu sombra

su noche.

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Y Magdalena se compadece de nosotros:

vamos en su mirada los sufrientes,

los caídos,

los que nos retorcemos atados

a tu lado, Jesús,

o a tus pies, joven mártir

de un intento más de las vanguardias.

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Su belleza nos ampara,

como te asila, Jesús el expulsado del reino,

nos unge

su humedad de mujer,

desprendida,

generosa,

portento que nos maravilla,

como a ti, hombre torturado

por la sexualidad judeo cristiana.

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De lo demás del grabado de Alberto Durero,

lo siento,  Jesús, me es borroso,

sólo el cuerpo numen de Magdalena

ha calado en mi memoria.

 

Ricardo Antonio Landa,  versión del 1 de abril de 2015 del poema de 1989.

Imágenes:  1 Grabado de Alberto Durero: Crucifixión; 2 Detalle de Grabado de Durero: posible María de Magdalena; 3 Pintura atribuida a Mazzucchelli: Magdalena llevada al cielo por los ángeles; 4 Detalle de pintura de Sandro Botticcelli:  El embalsamado de pies a Cristo por Magdalena; 5 Grabado de Durero: Llanto sobre Cristo muerto; 6 Grabado de A. Durero: Éxtasis de Sta. María Magdalena; y 7  Pintura de Alberto Durero:  Santísima Trinidad con Magdalena abajo a la izquierda de Jesús.

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Soy apenas… una mujer

Soy apenas… una mujer

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Soy apenas… una mujer

hacen decir a la más adelgazada cuerda

de la voz gruesa, gigante,

plena de cicatrices

de María Bethania.

 

Aunque me maleducaron a pensar en hombre

saco mi lengua enrojecida

para colgarme con ella

y gritar a quienes se sepan despreciadas

que las amo desde mi ombligo

a la mano con que me apoyo

en alguno de sus hombros,

o de la mano con que me prendo de otra mano tibia

que cierra los ojos al mito,

porque en nada son apenas una mujer.

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Quizás sean a – penas,

apenadas huellas de la Historia cínica.

Ya asaltan el escenario inopinadamente,

sólidas en su tamaño de montañas,

derrumban nubes a golpes de deseo

y su derrame nos limpia los ojos,

enseña a andar nuestra mirada

y dicen si consienten

que las toquemos con precisión en donde les gusta,

o no lo admiten, si no es su antojo.

 

Su pasión esplende

en la calidez de sus ojeadas

de mujeres del medio día.

Son y serán apenas

como sólo ellas lo hagan posible.

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Por eso, María Bethania,

solicito subas la escala

y ofrezcas tu Dice no

o ese Mírame en los ojos,

si quieres ver cómo aprendemos a oírte

saber cuántos hombres te amaron, más y mejor

que este yo o este nosotros.

 

Y que venga a besarte Gal Costa

y que Ornella Vanoni ponga

en su garganta su Stupidi, rasposo y subversivo

como para equilibrar la vida

en esta cuerda floja

que intentamos cruzar juntos los sexuados,

aunque casi siempre,

despiadada-mente,

el uno sobre la otra.

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Ricardo Landa, versión 7 de agosto de 2014.

Imágenes: Portada de disco de Caetano Velosso y María Bethania;  Fotograma de Pierrot el loco de Jean Luc Godard, actriz Anna Karina; Maria Bethania en concierto Carta de amor en Sao Paolo 2013; y diseño de portada de disco de María Bethania.

El amor y la lógica

EL AMOR Y LA LÓGICA

venus y marte boticelli

No son compatibles, son adversos.
 
Sobre el uno va la otra
con sus tabúes trenzados.
 
Por qué‚ la mujer griega común
no se nos da en esculturas,
si no era diosa o hetaira o virgen.
Y por qué el ano era el conducto de la amistad
de los hombres, si no era por ser menos misterioso
que la vagina y no inquietaba al logos.
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Así, rapaban los montes de venus
para no avergonzarse,
sellaban las aberturas femeninas
para poderlas trazar con decencia
en las paredes de los templos.
 
El mundo se les abismaba
a un sexo femenino poblado de tinieblas.
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El amor náhuatl, en cambio
era “divina pareja”, Ometeotl,
el dios y su esposa o al revés, también.
 
Fuera de la lógica antigua, reproducida
en las convenciones judeo cristianas,
el amor no tiene partes vergonzosas
y el placer sexual nos hace felices,
venga como se prefiera el disfrute.
 
La violencia sobre el amor
es lógica del poder atroz, pequeño.
 
Cuando los amantes unen su abdomen
la vieja lógica respinga y cojea.
Cuando se chupan los cuerpos,
los jugos les limpian las venas de angustia.

Piero Cosimo - Venus y Marte (1490) Berlín

Ricardo Landa, 1992. Imágenes: Boticelli, Venus y Marte; Escultura azteca: Ometeotl víbora y Ometeotl dioses pareja: Piero Cosimo, Venus y Marte; Apotheosis del amor y la  androginia.

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Las mujeres de Degas después del baño

Las mujeres de Degas después del baño

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Después del baño
llevan el olor del  jabón a la cama
y pintan con él su silueta.
Queda en la sábana, en la almohada,
en la humedad de la toalla,
en la mano conocedora
que sopesa los senos.
 
Preferido de todos los lugares
donde el jabón de baño vuelca el sahumerio
es el recinto floral,
el sexo lamido y frotado,
boca, piano y tambor de comuniones.
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Tras el baño de amores,
llega el placer del chocolate
y, en el sopor,
sobre la sábana crece
el ámbar de la gota
que pende de la entrepierna .
 
Ahí trocan el soplo espumoso
al bálsamo de perfume ungido
en el que las envuelve un baño nuevo,
de tan amable sacramento.
 

Ricardo Landa, 11 de agosto de 2013. 

PINTURAS Y MONOTIPO : EDGAR DEGAS

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Tatuada en la espalda

Tatuada en la espalda

Me inclino tan sencillamente, que el cielo puede reflejar

esta espalda tatuada de hábitos terrestres.

Juan Bañuelos: Salmo del agua que duerme como un ojo

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Llevo tatuada en la espalda la vida
en su cama de tablas,
en su camisa de manta,
con la punzada del petate,
con el oleaje abrupto de mi colchón de pobre.

Lleva inscrita la mano pequeña de mi madre
y el áspero cinto paterno.
Trae el callo del pupitre
y de las reglas de obediencia.
Disfruta el muelle de la butaca
en que todavía me hundo, ahíto de imágenes,
perdido en una matinée perenne.

Lleva las bocas amantes y sus dientes,
el arañazo de mil fiebres,
el desgrane del sexo boca arriba,
lijada por las sábanas
donde lloviznaban pezones
y caían rayos de los vientres
alzándome al cielo, cual serpiente invertebrada.
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Aún supura el agua bendita,
emponzoñada por las púas del remordimiento.
Le hincó un surco el tolete
y le irrita todavía el empujón del uniforme.

Se impregnó de arena y de espuma
en playas morenas y en las de pepitas de oro.
Cala el vendaje en las costillas blandas.
Le estallan en sangre treinta lunares,
avisos de la fuga de los pájaros,
si no canto, si no escribo, si me rindo.

Le quedan las huellas de las mochilas
que retaron mis riñones.
Queda el filo de los libros que creí leer soñando.
Guarda la inmersión suave de los senos,
y el abrazo de almohadas emplumadas,
mis leales compañeras en la bruma.

Y permanece el servir de cabalgadura
de frutos y deshijes
que ahí aprendieron a otear el horizonte.

Y la llovizna y el soplo frío y el sol,
ahí están marcados como el miedo
y el temblor de las angustias y tanto denuedo.
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Entre las heridas por la retirada
de ojos y corazones,
la tatuaron los fuetes de silencios,
ni siquiera el ninguneo duele de ese modo:
los silencios son ácidos
con los que oscurece a sus castigos el olvido.

Si los ángeles carecen de espalda
y apenas vemos lo excelso de sus alas,
yo en cambio cargo en la espalda una piedra
que ya vence mis rodillas.

Me arrojo a comenzar de nuevo,
la levanto en vertical,
abierta a abrigar la uña de cuanto venga,
siempre que sea para existir libre,
con el afán modesto de enamorar la vida.

charlot de espaldas

Ricardo Landa, en la víspera de 2010. Imágenes: Alberto Durero; Arañazo espalda, internet; Man Ray;  y Charlot de espaldas, Ch. Chaplin.