El tren y la lluvia

El tren y la lluvia

 

 A  la música Heitor Villa lobos

villalobos lampiao y maria bonita

En el tren de Villalobos

 

Y en el andar del tren
con su estela de papalote

Y en el andar del humo
con su testa despeinada que araña los hombros del bosque

Y en el andar del hombre
con sus avenidas de ríos para sumergirse

Un viaje de pianos y flautas a las ningunas partes

Un viaje lento en las volutas
de un sueño que se busca en los bolsillos
la moneda de la suerte

Villa-lobos

Otra vez llueve Villa lobos

 

Hojas doradas y sangrantes
Notas al piano-piano
A la flauta tímida
Al inmenso olear del piélago
Hilvanan los poros de la piel

Su pausado andar, machucando la hojarasca

Un quedo latir que intenta en el silencio repetirse
Llenarse de vidas
Para otear el horizonte cada tarde
Y soñarlo por la noche de otro color
Con otro encanto para la esperanza
Con otro estímulo para la rabia

Saudades sí, gotas apasionadas tiradas al cielo

Fluye y remueve este acendrado aprendizaje
Altera los sentidos
Da a la percepción un motivo para cambiar de vestuario

Danos el pan de teclas cotidiano
Y una feliz extremaunción que nos incinere modulando.

 alambrada y lluvia

Contrastes de la historia

rueda
rueda
la cabeza del hombre cae y rueda

vuela vuela vuela vuela
la cabeza de la mujer en el aire, revuela.

lluvia de otro modo APIC3419

Ricardo Landa, 22 marzo de 2007. Imágenes: Villalobos, Lampaio y María Bonita; Portada Villalobos y tren; alambrada y lluvia; ilustración: Lluvia de otro modo; Charlie Haden (qepd) y Egberto Gismonti tocan Tren de Caipiria

Charlie-Haden-und-Egberto-Gismonti

Anuncios

Invisibles

Invisibles

A  la presencia de Revueltas, Huerta, Ahumada,

Gelman, Pacheco, Kuy  Kendall…

1219acteal2 cuarto oscuro

Los que se detienen para que pase el prepotente

Las que raspan con una lija la sangre que derramaron

Las víctimas que de repetirse en su llorar no cuentan

El recluso que se muere de solo sin sentencia

La que habitaba esa porción de la banqueta tan pisada

El joven que creció perdiéndose en la mona

El cantante que apenas susurra su canto de penas

La que agoniza en coma con las manos atadas y los ojos sellados

Porque nadie dice quién es y nadie pagará la cuenta hospitalaria

La última de la fila que rebasan todos sin protesta

El niño con el cuaderno deshojado y sin su nombre en la portada

La migrante a fuerza secuestrada comprada revendida y adicta al cristal para sentirse cubierta de miradas

El que viajaba sobre el tren y se lo llevó una rama de eucalipto

Invisibles no él la los las

Sólo unos y unas

Indeterminados vagos difusos

 

Por falta de voluntad y dejadez

Dicen los que no los vieron

Y ni quisieran hablar de ellos

 

Porque así les fue en el baile

Y perdieron

Dicen los que consideran perdedor

Al invisible que no accede

A la escala de su bolsa de valores

Porque esto es el sistema del borrón

y descuento de sus víctimas

en la indefensión aprendida

Invisible si no eres el que vence o quizás el que resiste

Hasta que te borran si antes no los derrotas

Entreviéndote al gritar tu nombre

Al abanderarte como su enemigo y pasar desapercibido

Al enmascararte y poner en tus manos el destino

Al enlazar más invisibles que resisten

Al crear otra realidad con luz debajo

Que hace ver lo grande que eres

Y el poco tamaño de quien borrarte

Quisiera aunque no puede

Quien se ha visto invisible

                                                       Y se apura a entenderlo

Sabe reconocerse

                                               Como semilla de ahuehuetes

Árboles gigantes que si se ponen ojos y se ven

Como lo que pueden ser

Se extienden por los campos y florecen.

invisibles-600x538 tomado web hernando cerdo

Ricardo Landa, 23 de febrero de 2012

Imágenes:  Acteal, cuarto-oscuro; Invisibles, web Hernando Cerdo; Galiapacchioni narraciones invisibles.

GALIAPACCHIONI_NARRACIONES-INVISIBLES

Horror en el tren azul

Horror en el tren azul

“La muchedumbre de muertos”

La Odisea, atribuida a Homero,

Canto XI: “La evocación de los muertos”

kenyan train blue

Así llora el Tren azul su llegada,
porta en sus vagones ruidosos
y en repisas abiertas,  
como en las recamaras infantiles,
a cientos de muñecas rotas.
horror en Kenia wreed la jornada
Las de este año vienen de Kenia,
de Nairobi y Kisumu y huelen a gas
del que deja lágrimas resecas, estalactitas
en la garganta y blues en sus caritas.

Huelen a guerra, y bajo de la guerra a pobreza.

Sus píes de cadáver asoman
con botas rojas navideñas 
o verdes para esperar que las llenen Los Reyes.

John Coltrane no soporta ver a las más descalzas 
con las piernas quebradas, y frena:
¿Por qué no mueven los ojos y hablan las muñecas?
Quizás por el tapón de sangre en su nariz
o la cortada en el pecho. Otros periódicos
muestran niñas decapitadas.

Van rígidas y sin caja de regalo,
no las despierta el silbato azul del tren.
Conservan sus cobertores revueltos,
sus boinas de hilo para aliviar el frío,
sus calcetines rayados para andar la muerte.
Mucho han caminado las vías de la muerte.
sem-kenia3
Jhon Coltrane detiene su locomotora.
Se va mejor a morir de pena por los rieles
y deja que Miles Davis pregunte al abismo
y a la muchedumbre de muertos: 
¿So what?

 kenia

Ricardo Landa: al mirar en La Jornada: Horror en Kenia, de las niñas y niños muertos por la represión de Estado, apilados en la morgue de Nairobi traidas por en El tren azul; 4 de enero de 2008. Imágenes: Tren Azul de Kenia; Horror en Kenia, Niños muertos apilados, La Jornada; Niño  Kenia3; Niños de Kenia; y Miles Davis y John Coltrane juntos en ¿So what?

miles-coltrane