No echar de ver que es el amor

No echar de ver qué es el amor

No saber qué es el amor:

inocente luna columpiándose en el árbol,

asombro del viento al empujar a las nubes

de las ancas y gozo al hundirse en ellas,

alegría del pájaro picoteando en la arena

caracoles, flores de nácar,

besarse con los ojos sin parpadeos

y sentir la mirada que nos derrama

boquiabierta. Es Alicia limpia en un basural.

(No hay mal que por bien no venga,

dicen los abusadores de la hierba naciente,

los patrocinadores de las páginas

para Alicia maravillada del mouse

quien le regala galletas del cómeme,

tómame, hazme crecer o perderme tan chiquita.

el mal no es el placer

aunque goce quien lo insufla y atormenta).

El placer es la lluvia

de cosquillas siempre debutante,

alojado como recuerdo de un hechizo

de tan voluble regodeo.

Alicia puede jugar con el conejo,

hundirse con el sombrerero en cama de agua,

defender su cabeza y su cuerpo como propios

y ser honesta del dedo gordo hasta la médula;

no es ingenua, es aprendiz de sabia, audaz, crea

con delicia, no se mira en el espejo, cruza

y se hace flor abierta,

estrella de mar en el pico de una gaviota,

feliz del viento que la alisa

en un dejar hacerse maravillas

ideadas entre sueños.

-¿No sabes qué es el amor?

échate a aprender -dijo el gato alucinado-,

quizás pudieras llegar a sentir

el sabor inmortal de la locura.

Blog: htpp://elrojodelalengua.wordpress.com

A golpe de nubes de polvo

A golpe de nubes de polvo

andan los dolores,

les espinan los huisaches,

se les evaporan los tragos de saliva.

¿Cuántas jornadas de ira costó el hacer camino?

No fue el sol quien cavó en las entrañas,

fue el cuchillo carnicero,

la bala del sicario comevidas.

¿Quién dio la orden? ¿Quién dice

este se acabó, mañana le toca

a aquella otra y sigue la maestrita?

¿Quién dijo?  El aire ardiente sabe.

Aunque ahí donde queda un aguaje

agachadito, guardándose en la sombra

de un madroño pelón, llegan los dolores

a mudarse en gotitas de esperanza.

No ha de ser la victoria del rencor.

No consentirán ponerse el traje de venganza.

Será un castigo del común al que ordena muéranlo

y a quienes él sirve, comandando matanceros.

Caerán lloviznas en los pómulos

y en los labios de las crías

que piaban su sed y pesadillas.

Habrá maíz para el día de los difuntos.

Es el milagro del día que viene,

al que se espera caminando hacia él.

Así parezcan como enceguecidos de polvo,

son los borrados, tigres tallados en llamas son.

La vida entera

A los setentaicinco se llega despacio.

No tanto que pese como un lastre,

sino un lento apasionado como lo vio Einstein:

un suave paladear de la vida,

un concierto de cuerdas y flautas,

el nadar en agua transparente,

el atardecer púrpura que incendia la memoria

o en las nubes que caen demoradas

para evocar a Pellicer.

Así se puede ser un intenso

hombre o mujer lentos, en cuarta dimensión,

que cambian por grados

según el masticar de sus contradicciones.

Ser intenso que en el desamparo de sus conflictos

salta y remueve sangre y músculos,

estira el cuello hasta la lengua

para libar el néctar de sus primaveras.

Por ello a los setentaicinco llego descalabrado,

rengo, chueco de resistir el viento

y ronco de cantar rancheras y consignas,

los ojos cargados de sonrisas,

mojado el pelo de caricias blancas

y animado con perfume en la flor del sexo.

¡Y ahora…!

¡Y ahora…!

La grandeza (imperial) del musical

La idolatría de cuerpos inocentes de culitos apretados y pechos de marine

Lavados con Fab
(¡Enjuague, exprima y tienda!)
y vestidos de washanwer

La coreografía de sonrisas desde labios púrpura

Los 50 y 60 del Hollywood de la guerra fría

El gay que asoma del clóset bailando tap
o el travesti pestañea para ligar a la Marilyn

El misterio nuestro de cada Hitchcock

El Goodzila más tierno
que el monstruo comunista
que hacía  eco con el
«¡Ahí vienen los rusos!»

La música de big band, el rock superestrella en pañales

Las rubias que prefieren todos
más la comezón del viejo verde

El trasero de las morenas que desprenden los ojos hipócritas de los wasp

Figuras del almanaque del taller mecánico antes del porno-narco

El vértigo de las luces
que abrillantan los foros de los Estudios Goldeen Mayer
y los tacones dorados

No está Corea, Argelia, ni Vietnam, no esta el desierto mortuorio ni los pueblos originarios

No aparece Sierra Maestra o la entrada de Kruschov a Disneyland

Y ahora… la grandeza de aquel imperio en cinemascope dolarizante

Nostalgia que adolece nuestras infancias,
heredada a los migrantes tenaces,
tercos en busca del sueño americano de las pantallas.

Ricardo Landa, amante embaucado  por el star system., 31 de diciembre de 2023 al 11 de septiembre de 2024. Año de la guerra mundial contra los pueblos.

Imágenes: 1 Ante la pantalla; 2. Fumando espero; 3. Fotograma de La soga de Hitchcock; 4. Foto de Marilyn Monroe 5. Cartel del filme posterior a los 80, Blade Runner. 6. Cartel de la película Casablanca

Basuras

*Basuras*


De restos del día y de la noche venimos.
Cita Eduardo Galeano
a un amigo colombiano.
Restos de la creación.
«La podredumbre es fuente de la vida»*

Por eso ellas, cuyas jornadas
transgreden el día, se producen solas.
Y ellos  -los vistos sólo
como cadáveres andantes- saben
que sus órganos valen más
que el pago por trasplantes.


Porque la basura lleva vida
que se despoja, desperdicio de maravillas,
milagrerías en nichos de mercado.
La basura es humus que germina
en la seda de la moda.
La de piel blanca y de ojos claros
la compra, la  tira o la dona
a la pepena de lo usado.

Se tiene por basura despreciable
la fuerza indómita del trabajo,
la que resiste la burla
del poder de casta y de clase
que le derrama peste de su mesa.


Basuritas, etiquetan
al adicto y al sobrio empobrecidos.
En cambio, los de arriba no son
biodegradables. Si les dejas se reciclan.
Sólo nos queda enviarles
al más ruin basurero de la historia


Ricardo Landa. Junio de 2024.*Karl Marx citado

Imágenes: 2 ilustraciones de Kuczynski; Lustra botas viñeta de Carlos Alonso); foto de la serie lo que quisiera; Foto Manos de maíz; recolectora de Basura foto de H. Morales.

A corazón entero

A corazón entero
Los invisibles hablan, oyen las oscurecidas.
Andan con manos y pies volando los mutilados.
A corazón entero tejen sus rostros y desatan sus lenguas
con sangre de víctimas, quienes resisten.
Con saliva de niñas y niños hilan
los pueblos, los barrios, las cocinas y las escuelas
la transparencia de vida buena, la digna.


Están en armas de palo los que defienden territorios,
van con fogatas en el pecho las muchachas y van con ramos
de molotovs sus novios, y usan resorteras las jubiladas y los despedidos.
Protegen identidades, el bien común, las uniones de lucha, las rebeldías,
las dislocadas y los amores a pierna suelta y en asamblea permanente.


Dejarán de creer en fetiches los crédulos, se despabilarán los pasmados,
hablarán por los codos los atrevidos y quienes callaban por mandato
del patrón, el padre, el presidente, el esposo o el partido
ahora aprenden a valerse en grupo y en persona, juntas.

Así van llenando el buche del ave sencilla que los canta y los publicita,
no con piedritas de impotencia, sino con moronas del pan de rabia
que compartimos y producimos. No quieren migajas de tercer uso,
ni entusiasmarse con ilusorias ofertas de las tiendas
de raya y bórrate de la cuenta y de la lucha.
Son voces sin muros, sin bozales, ni sordinas.

Les dicen los sin miedo, aunque sientan cómo cosquillea y pica
cuando suben el volumen en sus radios y radicalizan el tono con el rap
del Anonymous resucitador que todos llevamos encendido.
Van del volante manchado de tinta al rayado de cada esquina.
Son palabras de multitudes y de pequeñísimas células y colectivos,
los invisibles hablan, oyen y gritan las oscurecidas.


Se teje con sangre y saliva el beso que regenera al corazón entero.
Ya traman con sus redes hamacas para el amancebarse,
para dar de mamar resistencia a los hijos, para que los sueños se movilicen,
para que cuatrocientas revoluciones den la vuelta al mundo.


Ricardo Landa, para los 100 x 400 voces de El Zenzontle, a 20 años de su fundación

Imágenes: Virgen de la Barricada, Chile; Desconfía de quien habla de paz, Ilustración Mapuche; Fogatas en Cherán; Trabajadores, Amaral; El Zenzontle, Cartel.

Roble enjuto

Roble enjuto

Qué pena ser comparado.


Mi padre era alto como un roble, diría.
Pero en las fotografías
siempre me pareció enjuto,
nudoso sin más fronda que el sombrero
y de verdor sólo guardo en la nuca
el tono de sus lentes
que aún me impiden conocer
el color solapado de sus ojos.

Un roble, una fuerza sin caricias,
una ronca voz
al hablarle a mi madre,
nunca a mí, ronca respiración
cuando invadía la cama materna
y el humo de sus cigarros
estrechando la pieza
que, sin necesidad de él, habitamos.


¿Los robles se quiebran
o quebrantan cuando caen del mito?
Enjuto, seco, difícil de trepar,
sin pájaros, sin nidos del abrazo.
Y celoso, posesivo, maldiciente
cuando perdía la mujer subyugada en mi madre.


Roble enjuto, vestido de maderas
amarillentas, ocres, pardas.
No sé dónde se halla su tumba
o si sigue de pie, alto, torcido y deshojado.
Qué pena compararlo, mejor olvido
pues ningún disfraz es comparable.


Ricardo Antonio Landa Guevara, noviembre  de 2023.
Imágenes de Robles y Árboles secos; ilustración de un Roble despuntado; y Bosque y tala.

El sendero del lápiz

El sendero del lápiz 


Desde aquel índice
recorriendo los senos maternos
hasta éste pulsar de pantallas
o el soplar al micrófono
hay un lápiz narrador
como garganta estrecha de un río
desbordado por torrentes.


Alguna vez fue dedo o mano entera
que calcó en cueva y en la arena
al sol, la montaña y las estrellas.
Fue aguja de pescado,
pedernal y lanza, cincel
que horadaron árboles y rocas.
Fue plumaje de gansos
que imitó sus estridencias.
Fue carbón y estilete,
tiza, grafito, daga.


Escritura, tatuaje, mapa, testamento,
se hincó regular, bronco y tierno.
Dibujo, esbozo, retrato,
claridad en la sombra
de claroscuros asombrosos.
Rayas, signos y números
en pagarés y en amenazas.


Es legible o encriptado
su mensaje a los ojos
de boticarios y de guardias.
Es borroso cuando alguien miente
y tacha lo que el apenado
o el honesto reconocen que es un yerro.

De la primera letra
(en mi caso la e del sordo)
a las que, vacilante, perpetra
en las madrugadas
versos espeluznantes, 
estrofas rengas, odas a ninguneados,
sátiras, ironías..


Y epigramas sin más dedicatoria
a quien lea su desmoronamiento.

Ricardo Antonio Landa, 13 de junio de 2023

Imágenes: 1. Anónimo limites con tiza; 2. foto: escribir en el agua 3. Foto: puntas de lápices de colores; 4. y 5 Ilustraciones: Visoth Kakvei 6. foto digital: El pincel del arcoíris.

Para amar a una mujer en lasitud

Para amar una mujer en lasitud

para que dilatada se moje su entrepierna

hay que cavar muy hondo pero suave

pormenorizadamente

tocándose caderas con caderas

más de ochenta y ocho veces

como van las baquetas del do al sí en la marimba.

No al arrepentimiento ni al descanso,

se tiene que persistir, ahuecar cada parte

por donde intente escabullir el abrazo

e internar su cuerpo en nuestro cuerpo.

Amoldarse a su ritmo adormecido

y hozar hasta que se halle la luz de la caverna.

El primer gemido que desprenda,

la primera gota que caiga de su cuenco

anunciarán que allá en el rendido cuerpo

que malograba la vida con sus años y despechos

está la llave de la dulzura

el punto donde las crucifixiones se redimen

la gloria eterna del instante.

Entonces con la misma suavidad y sin desprenderse

dejarla venir hasta que sobrevenga,

tocarle los latidos crecientes de sus soles más erguidos

asomarse a sus tanteos

dispuesto a que prense apriete se estreche y abra

a anhelar que ella, entera, se endurezca como un puño.

Para recuperarse de las sorpresas que lanza el regocijo

es recomendable beber de su aliento entrecortado

irse en ese estirar por dentro

en ese trinar del pulmón al bajo vientre

que la recorre con una fuerza desconocida

y convertirse en la vasija de sus derrames.

Quizás entonces pase de la blandura al fogueo

a forcejear probándose contra lo que tanto se impedía.

No siempre se puede transitar a recibir su empeño

ha de posarse la espalda en el lecho y dejarla que acometa

que dance que intente demoler la muralla de la pelvis.

Ser suyos como nave como cabalgadura

un puente hacia cualquiera de sus partes.

Ya llegará a un cansancio diferente

tendrá no el yo ni el tú sino el nosotros en la lengua

se le iluminarán los ojos la sonrisa desplegará sus brazos

y en los poros irá extendiendo detalladamente

la alfombra donde se vuela con las alas acopladas.

Ricardo Landa, versión renovada de la del 27 de diciembre de 2009, incluída en el libro El Rojo de La Lengua.

Imágenes de Jean Pierre Ceytaire

PANDORA

PANDORA 

Pandora, flor de arcilla                           

rociada de frescura,                                     

 ágil inteligencia,                             

destreza, audacia pura.

Según el mito patriarcal,

también la seductora,                                   

curiosa, inquieta, falsa.

Por orden de Zeus,

padre de padres,                                                 

casamentero de flores y héroes,

fiscal, juez oblicuo,

pan y fuete, Pandora, novia tierna,                                       

recibió en noche de azares y desflores,        

la caja de misterios,

la prueba de que la mujer                                       

cederá a la duda siempre,

indagará el saber en el árbol,

la manzana,la lengua viperina,

la biblioteca 

y la cajita de secretos. 

Así, Pandora, incontenida,

abrirá la caja de lo prohibido 

y saldrá (la acusarán de hacer salir)

el humo de los males,

la calamidad que aterroriza al mundo.

Asustada de su acto

(sigue el cuento misógino)

tardará en cerrar el baúl de los venenos,

dejando sólo la esperanza,

antídoto y vacuna 

para resucitar la vida.

Otra historia muy otra

no se narra: 

Pandora como la Eva,

rompieron con  el falso Edén 

para vivir por el común

y a cuenta propia.

Caja de laca de Pandora,

en Olinalá labrada 

(¿En calles de Santiago?)

y en Macao,

abre con rigurosas preguntas

la esperanza, 

perfume de las flores de arcilla,

defensa perfumada ante la Peste.

Ricardo Antonio Landa, 11 de noviembre de 2020.

Imágenes: Óleo de John William Waterhouse, Reino Unido, 1896; René Magritte y otras de la plataforma Pinterest.